Paracas: arena, viento y biodiversidad

Después de unos lindos días en Lima viajamos a Paracas, un lugar con un encanto muy especial. Para llegar tomamos un bus de cuatro horas desde Lima. La parada del bus en Paracas estaba muy cerca de nuestro hostal así que agarramos nuestras mochilas rojas y caminamos por la calle principal  hasta llegar al Paracas Backpackers House, donde nos hospedamos cuatro noches. Al llegar nos recibió el dueño llamado Alberto, quien fue muy amable y diligente. Nos mostró todas las instalaciones, nos dio recomendaciones y direcciones de dónde comer, de los mini mercados más cercanos e incluso nos aconsejó sobre nuestra ruta durante los próximos meses.

Paracas es un pueblo en una península que recibe su mismo nombre, ubicada en la costa de Perú. Quedé encantada con sus hermosos paisajes que mezclan el desierto y el mar y con la tranquilidad que transmite este pueblo y su gente. Para los peruanos, Paracas es el lugar perfecto para vacacionar y para la mayor parte de los visitantes es el puente hacia las Islas Ballestas. El pueblo es pequeño, tiene una calle principal, una plaza y un paseo al borde de la playa lleno de restaurantes y puestitos de artesanías. Todo se puede recorrer en menos de un día.

Al llegar salimos a caminar por el paseo y yo me asomé a cada puestito artesanal por curiosear. Notamos que en la playa no mucha gente se baña porque está llena de embarcaciones coloridas que son también parte del paisaje. Llegamos hasta una calle diagonal, donde Alberto nos informó que se encuentran los locales de comida buenos y baratos para almorzar.

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En la mayoría de los restaurantes tienen un menú que cuesta entre 15 y 20 soles (4.50 a 6.00 USD). También hay más baratos, pero con opciones reducidas y menos llamativas. El menú consta de dos platos y una bebida que casi siempre es chicha morada, limonada o Inca Kola.  Nosotros almorzamos un menú en un lugar distinto cada día y nos sobraba para la cena porque las porciones que sirven son bastante grandes. La comida que más nos gustó fue la del Restaurante El Angel. Allí nos tomamos dos sopas deliciosas de pescado como primer plato y de segundo, Quico pidió un chicharrón de pescado y yo un arroz con mariscos, ambos buenísimos.

Tuvimos mucho tiempo para relajarnos y disfrutar de la playa (aunque sin bañarnos) tirados en la arena leyendo, escribiendo, charlando o simplemente viendo el paisaje. También hicimos dos excursiones que les compartimos a continuación:

Paseo en Bicicleta

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Rentamos un par de bicis por 25 soles (7.50 USD) cada una en el hostal. Queríamos ir a la Reserva Nacional de Paracas y visitar sus playas y miradores, así que Alberto nos explicó la mejor ruta para llegar. Empezamos a pedalear por la calle principal, el día estaba soleado, el cielo azul y soplaba una brisa fresca que no permitía que sintiéramos tanto calor.

Nos perdimos un poco, pero con ayuda de los lugareños logramos encontrar la carretera que lleva a la entrada de la Reserva.  Nuestro entorno  cambió por completo y de pronto estábamos pedaleando en medio del desierto, rodeados de planicies amarillas y montañas de arena, ¡un paisaje hermoso! Unas pedaleadas más adelante, la brisa se transformó en un viento fuerte que levantaba la arena y nos obligaba a esforzarnos cada vez más para avanzar, teniendo menos visibilidad. Aún así, seguimos andando y finalmente llegamos a la entrada de la Reserva, pero sólo hasta allí.  Uno de los guardias que controla el acceso  nos recomendó regresarnos y no entrar con las bicicletas porque estábamos en medio de una “lluvia de arena” y dentro la Reserva sería peor.

Paracas, recibe su nombre por los vientos que la caracterizan, que pueden llegar hasta los 50 km/h, levantando una gran cantidad de arena y polvo. En quechua, “para” significa lluvia y “acca” arena, por lo que Paracas significa “lluvia de arena”.  Benjamín ya nos había advertido sobre éstas típcas lluvias de arena, pero no pensamos quedar en medio de una.

Hicimos caso al consejo del guardia y tomamos un camino alternativo. Descubrimos un paseo escondido frente al mar donde no había más nadie a pesar de que la vista era espectacular. A nuestro lado derecho teníamos el mar con las montañas desérticas de fondo y del lado izquierdo unas casas modernas, muy bonitas, con un jardín extenso que terminaba en el paseo y en algunos casos, en muelles privados.

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Al final del camino nos tiramos un rato en la playa a descansar, para luego regresar al hostal, buscar algo de comer y volver al ruedo. Ésta vez nos fuimos hasta un obelisco ubicado en una colina con vistas al pueblo y al mar. Subimos con las bicis hasta que ya no pudimos más por la arena y empezamos a caminar. Dimos unas cuantas vueltas contemplando el panorama y luego nos sentamos a ver el atardecer. Al final no hicimos lo que originalmente teníamos planeado, pero el día fue maravilloso y el paseo en bici un éxito.

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Si les gusta pedalear les recomendamos alquilar sus bicicletas en Paracas y ojalá logren entrar a la Reserva porque al día siguiente descubrimos que el camino es espectacular.

Islas Ballestas y Reserva Nacional de Paracas

Reservamos una excursión coordinada por el hostal que incluía visitar las Islas Ballestas por la mañana y la Reserva Nacional de Paracas en la tarde.

Las Islas Ballestas están ubicadas a media hora desde la costa de Paracas y son un conjunto de formaciones rocosas donde habitan una gran variedad de especies. El paseo es en bote y no se puede desembarcar en las islas para proteger su fauna, pero los botes se acercan bastante y las vistas son impresionantes. Nuestro bote no tenía techo y normalmente ninguno tiene, por lo que recomendamos llevar un sombrero o gorra para cubrirse del sol y de los desechos de las aves que pueden caerles encima.

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En el camino, pasamos por El Candelabro, un geoglifo, dibujado en la arena por la costa norte de la península de Paracas. Se desconoce quién y cómo se hizo y es un misterio que haya permanecido intacto tanto tiempo ya que se calcula que tiene unos 2000 años. Algunos lo relacionan con las líneas de Nazca porque El Candelabro apunta hacia ellas y mide unos 150 metros de alto y unos 50 metros de ancho lo cual también lo hace perfectamente visible desde el aire.

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Al acercarnos a las Islas Ballestas empezamos a ver una gran variedad de aves como el pelícano, el cormorán guanay y el pingüino de Humboldt. También nos acercamos a los lobos marinos que habitan en las Ballestas; algunos posaban tomando el sol en una roca, se tiraban al agua, se bañaban y volvían a subir por más sol. Todas las fotos que tenemos la hicimos con el móvil porque, para variar, olvidé la batería de la cámara en el hostal.

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Durante el recorrido de una hora, también pasamos debajo de los arcos de las islas apreciando su belleza y los distintos colores de las rocas que forman un paisaje fascinante.

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Por la tarde finalmente pudimos visitar la Reserva Nacional de Paracas, un área protegida de 335 hectáreas. La primera parada fue en el Museo Julio C. Tello, ubicado dentro de la reserva donde se explica sobre la cultura paracas, su evolución a través del tiempo y el ecosistema. Antes de entrar tomamos un pequeño sendero que salía de allí y nos acercaba al mar para contemplar flamencos, gaviotas, pelicanos, entre otras especies. Dentro del museo, el guía nos explicó lo excepcional del lugar por su ubicación, la proximidad y actividad de las fallas y que es de los puntos más ricos del planeta por su abundante biodiversidad.

Luego nos dirigimos hacia un mirador en el que se apreciaba perfectamente la bahía sur de la península, los acantilados, la Playa Roja y Lagunillas. También se podía apreciar la bahía norte, aunque un poco menos por la neblina y la distancia a la que estábamos. Nos quedamos contemplando el paisaje y haciendo fotos antes de bajar a la Playa Roja, única en Perú y que recibe su nombre por el color de la arena producido por las abundantes erupciones volcánicas de la zona. Seguimos nuestro camino hasta Lagunillas, un pequeño puerto con una playa, donde nos comimos unos emparedados que ya traíamos preparados. Alberto nos había informado de antemano que los restaurantes de la zona son demasiado turísticos, lo que quiere decir, que los precios son bastante altos para lo que ofrecen.

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Otras paradas recomendadas al visitar la Reserva Nacional de Paracas son La Catedral y la Playa La Mina. En esta ocasión no pudimos llegar a ellas porque el acceso estaba cerrado.

Al regresar al hostal, estuvimos celebrando el cumpleaños de una de las chicas que trabaja allí. Estaban todas las trabajadoras con Lidia (la esposa del dueño) y algunos huéspedes, charlando alegres y tomando pisco sour preparado por ellas mismas. La celebración siguió y luego del pisco nos ofrecieron vino rosado, después vino tinto y al final repartió una torta que había preparado la cumpleañera.

En nuestra opinión, Paracas es un lugar sorprendete donde hubiésemos podido estar más de una semana. Lamentablemente todas las posibilidades de hospedaje estaban ocupadas así que nos vimos obligados a marchar. Nos quedamos con ganas de más y si algún día regresamos a Lima, Paracas definitivamente será una parada obligatoria.

INFORMACION PRACTICA:

Transporte Lima-Paracas: Bus de la compañía OLTURSA – Precio del tiquete: 11 USD – 4 horas de recorrido.

Hay otras compañías que también ofrecen el transporte. Los tiquetes se pueden comprar en https://busportal.pe/ donde también encontraras información sobre las tarifas, rutas y horarios.

Hospedaje: Paracas Backpackers House – Precio por noche de una habitación privada doble: 15 USD – Cien por ciento recomendado. Si quieres saber más sobre este lugar ve a: https://www.tripadvisor.com/Hotel_Review-g445063-d1740228-Reviews-Paracas_Backpackers_House-Paracas_Ica_Region.html

Lo que no puedes dejar de visitar: Islas Ballestas y La Reserva Nacional de Paracas.

Para las Islas Ballestas obligatoriamente hay que pagar un tour porque se debe tomar un bote. En cada esquina de Paracas encontrarás personas ofreciendote el paseo y el precio es casi siempre el mismo, alrededor de 30 soles por persona (9 USD).

A la Reserva se puede llegar por cuenta propia sin necesidad de contrar un tour pero el pago de la entrada sí es obligatorio y tiene un costo de 15 soles (4.50 USD) por persona.

Nosotros recomendamos el tour porque vale la pena tener la explicación del guía y porque contratar ambos paseos sale más barato. Nosotros pagamos 45 soles (14 USD) por persona por ambos tours, sin incluir la entrada a la Reserva ni los impuestos del puerto que hay que pagar al salir a Ballestas que son 3 soles (0.90 centavos) por persona.

Fecha de nuestra visita: 24 al 28 de Julio de 2016


Si necesitas más información sobre Paracas o tienes alguna pregunta sobre nuestro post, déjanos un comentario o escríbenos a mochilasrojas04@hotmail.com

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4 thoughts on “Paracas: arena, viento y biodiversidad

  1. Gaby que delicia disfrutar de tu mqnifico detalle de los lugares que la MOCHILAROJA esta realizando,mas que compartir nos sentimos que estamos de viaje con ustedes. EXCELENTE y los felicito a los dos

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