Navegando el Titikhakha

El miércoles 17 de agosto, llegamos a lo que tenía que ser nuestra última parada en Perú: Puno. Puno está situada en el sudeste de Perú a orillas del Lago Titikhakha, o Titicaca en español, que se encuentra a una altura de 3,810 msnm y cuyas aguas pertenecen, una parte a Perú y la otra a Bolivia.

Según nos explicaron, el nombre del Lago Titicaca proviene del aimara, lengua utilizada por los nativos que viven en el Lago Titicaca conocidos como aimaras, y en las zonas andinas de los alrededores entre Perú, Bolivia, el norte de Chile y de Argentina. En aimara, “Titi” quiere decir gato o puma y “Khakha” quiere decir piedra; este nombre se debe a que, viendo el lago desde el aire, se puede apreciar la forma de un puma cazando una vizcacha (una especie de conejo), rodeado de montañas de piedra.

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Catedral de Puno, Perú

Puno es la parada obligatoria para todo aquel que desee visitar el lago navegable más alto del mundo, desde el lado peruano, y así explorar las sorprendentes islas flotantes de Los Uros, y las islas de Amantani y Taquile; todas en aguas peruanas. La ciudad en sí, no la encontramos muy interesante. Tiene una bonita Plaza de Armas como muchas otras que habíamos visto antes, pero no tan encantadora como la de Arequipa o Cusco.

Llegamos a la terminal de autobuses a las 5:00 de la mañana y pudimos haber caminado al hostal, ya que quedaba a unos 10 minutos a pie, pero decidimos que sería más seguro pagar los cinco soles de un taxi porque aún era de noche y no conocíamos la ciudad. Al hostal llegamos cinco minutos más tarde y obviamente la habitación no estaba lista; esperamos en la sala, espatarrados en el sofá durante unas cuatro horas. Una vez nos dieron la habitación, decidimos salir a comer y la chica de la recepción nos recomendó ir a La Choza de Oscar, un restaurante especialista en pollos a la brasa, donde hacen un espectáculo de bailes tradicionales. Al día siguiente volvimos a este lugar y solo vimos parte del espectáculo porque, al llegar, nos sentamos al fondo del local, con los lugareños, y desde allí apenas se aprecia una parte del escenario.

Por la tarde bajamos al malecón, donde hay un mercado de artesanías que son muy económicas, pero ya era tarde y la mayoría de los locales estaban cerrados. Nuestra prioridad, en ese momento, era informarnos sobre los tours a las islas del lago. Majo y Ale nos comentaron que ellos habían pernoctado en las isla de Amantani y en Taquile, y que ambas tienen su encanto. Los tours que ofrecen las agencias solo son de dos días y una noche, normalmente en Amantani, en casa de una familia lugareña. No obstante, si quieres pasar la noche en Taquile, te lo pueden conseguir. Esa tarde no tomamos ninguna decisión sobre las islas, pero sí reservamos una visita a Sillustani, para la tarde siguiente. También hicimos una caminata bordeando el lago, disfrutando de la luna llena, aquel atardecer.

Sitio Arqueológico de Sillustani

El autobús nos recogió por la Plaza de Armas para llevarnos al Sitio Arqueológico de Sillustani, donde se encuentran las ruinas de edificios funerarios Incas y Pre-Incas, ubicados junto a la Laguna Umayo, a unos 30 kilómetros de Puno. Al llegar, nos encontramos rodeados de colinas amarillentas y marrones, al borde de la laguna; sobre una de ellas se veía, desde lejos, una de las torres funerarias. A éstas torres se les llama chullpas y allí dentro los cadáveres eran enterrados en posición fetal con todas sus pertenencias; dependiendo de la clase social, incluso se sacrificaban los sirvientes, para ser enterrados junto al cadáver y así servirle en la próxima vida.

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También aprendimos sobre las diferencias arquitectónicas entre las torres funerarias Pre-Incas y las Incas. Las edificaciones Pre-Incas son toscas y se notan pedazos de piedra encajados a la fuerza, aunque no fuesen iguales; por otro lado, las construcciones Incas, se ven pulidas y todos los bloques de piedra encajan a la perfección. El tamaño de las puertas también es diferente, debido al avance de la civilización Inca. Ellos lograron disminuir el tamaño de las momias y por ende las puertas de sus torres funerarias son más pequeñas que las Pre-Incas. Las puertas en todas las tumbas siempre estaban ubicadas hacia el Este, para la salida del sol. En contrapunto, las torres funerarias Incas podían llegar hasta 12 metros y cuanto más importante era la familia, más grande era la estructura. Las torres Pre-Incas únicamente alcanzaban los 4 metros.

Después de recorrer todo el recinto, observamos éstas diferencias claramente y también había una torre “en construcción”, que aún conservaba una rampa y así vimos la manera en que ellos iban construyendo la tumba. Cuanto más aprendemos sobre estas civilizaciones, más nos sorprende el ingenio y capacidad para lograr construcciones complejas para la época.

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Al terminar nuestra visita, de regreso a Puno, nos detuvimos en una casa de una familia nativa. Tenían llamas y cuys, nos dieron una explicación de cómo viven y nos prepararon un pequeño aperitivo:  una masa frita a base de harina de quinua, diferentes tipos de papa, queso y una demostración de los diferentes tipos de granos.

El día siguiente, salimos muy temprano a visitar las islas del Lago Titicaca. Decidimos contratar la excursión en el hostal, ya que con ellos salía un poco más económico y pudimos arreglar para quedarnos la segunda noche en Taquile. Por la mañana, nos pasó a buscar un bus, que hacia ruta por los hostales y que nos acercó al puerto desde donde salió nuestro barco. Al llegar al puerto, nos dividieron en dos botes; en el nuestro, había un grupo de doce estudiantes franceses, una madre e hija italianas, una familia peruana y dos parejas, que también venían de nuestro hostal, una inglesa y la otra italiana, Francesco y Julia.

Las islas flotantes de Los Uros

La primera parada fue en las maravillosas islas flotantes de Los Uros; una visita interesante y sinigual.  Al atracar en una de las islas, uno de sus habitantes nos explicó cómo construyen las islas y cómo vive la comunidad en ellas. Resulta ser que él era el presidente y que, en cada isla (aunque solo viva una  o dos familias), hay un presidente. Las islas están hechas completamente de plantas de totora.

Primero hacen cubos con las raíces de la totora, luego los atan con palos de madera y los dejan así seis meses, de manera que las raíces se entrelazan naturalmente, obteniendo una plataforma flotante, suficiente como para construir unas tres o cuatro chozas, igualmente de totora.

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Sobre la superficie de la plataforma, colocan varias capas de totora, que tienen que ir reponiendo cada 15 días en época de lluvia y una vez al mes en época seca.  Al final, las anclan con las islas vecinas para no irse flotando por todo el lago.  La vida útil de una isla es de 20 años y demoran un año en construirla, así que, cada cierto tiempo tienen que ir buscando nuevamente, plantas de totora, para fabricarse un nuevo hogar.

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La totora, también es utilizada para construir el transporte: los famosos caballitos de totora, que también se pueden encontrar en Huanchaco, cerca de Trujillo. De éstos hay dos clases: unos pequeños y unos grandes. Los pequeños son usados por niños y jóvenes para ir hasta Puno a la escuela; nos dijeron que con estos se iban dos y volvían tres, porque al tener un espacio reducido, los chicos pueden intimar con más privacidad. Los otros, más grandes, son destinados a los turistas, para trasladarlos de una isla a otra y los llaman Mercedes-Benz.

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La totora también la usan como alimento y la pudimos probar; la verdad no sabe a nada, pero a la brasa y con romesco ganaría mucho. Otro punto curioso es el retrete y el agua que beben. Lo primero lo hacen de uno de los costados de la isla y el agua para el consumo la recogen del otro lado. Dicen que el agua de consumo no se ve afectada por los desechos expulsados ya que éstos siguen por la corriente, sin pasar por la zona de donde recogen agua para beber.

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Al finalizar las explicaciones, nos fuimos en el Mercedes-Benz hacia una de las islas principales de los Uros. El paseo fue encantador ya que el Presidente y su compañero nos llevaron remando todo el tiempo, con la hija de uno de ellos, que se quedó bromeando y jugando con nosotros hasta llegar a nuestro destino.

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Amantani

Unas horas más tarde, partimos hacia Amantani, la isla más grande del Lago Titicaca en la parte peruana, donde pasaríamos la noche. Llegamos al puerto y allí nos esperaban las “Mamas” como les llamaba nuestro guía, Juan Carlos. Nos dividimos en grupos, ya que no cabíamos todos en una misma casa; a nosotros nos tocó con la pareja inglesa y con Francesco y Julia, de Italia.  Nos asignaron a la “mama Rosa” que nos esperaba con su hijo Roy, para dirigirnos hacia su casa. Quedaban bastante lejos del puerto así que la caminata fue de unos 20 minutos aproximadamente e íbamos conversando y admirando el entorno, de casas, caminos estrechos, vegetación y agua, que nos rodeaba.

Llegamos a la casa de “Ama Rosa” como le decía Francesco, donde dejamos nuestras mochilas, comimos y partimos a encontrarnos nuevamente con Juan Carlos, para subir a la PachaMama. PachaMama significa Madre Tierra y es el nombre que recibe uno de los dos picos más altos de la isla , donde están las ruinas de un templo dedicado al sol. Al subir, tienes que dar tres vueltas alrededor de las ruinas, según dicen, para disfrutar de salud, dinero y amor; así lo hicimos. Subimos una hora hasta la cima y dimos las vueltas necesarias, aunque quizás yo debía dar una extra para la altura, porque seguía durmiendo solo tres horas al día y devorando frutas y galletas en la madrugada.

En lo alto de la PachaMama disfrutamos de la hermosa vista del lago y además vimos una puesta de sol espléndida.

Al caer la noche, el frío apretaba así que decidimos bajar y caminar hacia la casa con Francesco y Julia. Tuvimos que utilizar nuestros frontales para ubicarnos porque no hay luz en toda la isla. Una vez en casa, cenamos de nuevo, de manos de Ama Rosa y compartimos experiencias y risas con nuestros compañeros en ésta aventura. La casa era bastante acogedora, especialmente la cocina que siempre estaba calientita. Ama Rosa, es una mujer de pocas palabras, pero muchas sonrisas, con lo cual nos hizo sentir muy a gusto.

La mañana siguiente, nos encontramos en el puerto con Juan Carlos para seguir nuestro recorrido. Ama Rosa nos acompañó con su hijo pequeño, Neymar, un travieso diablillo de dos años, con el que nos reímos de sus fechorías y nos llamó la atención su nombre, inspirado en el famoso jugador brasileño. A pesar que, la electricidad es escasa y nosotros nos sentíamos bastante desconectados del mundo exterior, las celebridades no se escapan ni de los rincones más remotos del mundo. Nos reencontramos con Juan Carlos y nos fuimos rumbo a la Isla de Taquile.

Taquile

Para llegar a la Plaza y a la zona residencial de Taquile, tuvimos que ascender por un camino bastante empinado, unos treinta minutos. Subimos, entre parada y parada para que Gaby intentase agarrar oxígeno a casi 4,000 msnm. Una vez en la Plaza, tuvimos tiempo libre para recorrer el pueblo, antes de dirigirnos al restaurante donde almorzaríamos. Juan Carlos nos apalabró el hospedaje con la familia taquileña que nos hospedaría esa noche. Una hora más tarde, empezamos una caminata bordeando la isla, hasta llegar al puesto donde comimos.

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Al llegar al lugar, el cabeza de familia nos hizo una demostración de cómo fabrican jabón y champú casero, con una planta llamada chujo. Actualmente ya no lo utilizan como champú, pero sí para limpiar la lana de las ovejas que posteriormente utilizan para confeccionar chompas, bufandas, gorros, y otras piezas. Igualmente, nos explicaron el significado de algunos accesorios que utilizan los hombres y las mujeres de Taquile. El gorro de los hombres, por ejemplo, indica si el hombre está casado o soltero. El gorro para los casados es azul y rojo y el de los de solteros es de color blanco y rojo. A su vez, la inclinación del gorro de los solteros indica: para la derecha que tiene pareja, para la izquierda que busca pareja y para atrás, que no están interesados o tienen otras prioridades. De la última manera, también lo utilizan los niños que todavía no tienen edad para tener novia.

La pobación de Taquile es de 3,000 habitantes, aproximadamente, y la isla se divide en varias comunidades, cada una con su presidente. El presidente es fácil de identificar ya que también lleva un gorro especial, todo de colores y encima un sombrero negro. Los taquileños viven de la pesca, la agricultura (principalmente de la papa) y del turismo que ha ido en aumento durante los últimos años. Además, Taquile es reconocida por sus hermosos tejidos y artesanías; nos llamó la atención que los hombres son los principales tejedores, aprendiendo a tejer sus propios accesorios desde temprana edad.

Las mujeres utilizan una especie de poncho negro, con pompones de colores en las puntas. Estos pompones, según su tamaño, indican si la mujer está casada o soltera; las casadas utilizan pompones pequeños y las solteras llevan los pompones grandes, más llamativos. Por último, nos mostraron las fajas que fabrican las mujeres para sus maridos como regalo de bodas. En la isla no hay animales de carga, ni carretas, mucho menos vehículos, lo que significa que los hombres trasladan todo lo necesario sobre la espalda. Para disminuir el daño, utilizan las fajas amarradas a la cintura. Lo curioso es que las fajas son hechas de lana de oveja entretejida con el propio cabello de la mujer, lo que para ellos representa un gesto de su compromiso y amor.

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Terminando las explicaciones, nos sirvieron una sopa de quinua de primero, y de segundo podíamos escoger entre tortilla o trucha. Gaby escogió la primera opción, yo me decante por la segunda. Era una trucha asalmonada que le habían sacado casi todas las espinas y estaba muy buena. Luego de la comida, nos despedimos del grupo y volvimos a recorrer el mismo camino hasta la Plaza. En este caminito también aprovechamos las vistas del lago y pudimos ver, a lo lejos, las montañas de Bolivia que se perdían entre las nubes.

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En la plaza nos esperaba Luciano, nuestro anfitrión por esa noche. Fuimos hasta su casa y nos dio la llave de una pequeña casita auxiliar que tenía para estas ocasiones. Luciano fue muy amable y amigable desde el principio, preguntándonos “¿De dónde son?, ¿Y de dónde vienen?”, siempre con una sonrisa. Como aún faltaban horas para la cena, nos recomendó ir a la puerta del sol, un mirador donde podríamos ver el atardecer. Dicho y hecho, nos dirigimos hasta el punto indicado y nos deleitamos con un espectáculo de la naturaleza y con más tranquilidad que el día anterior, porque esta vez estábamos solos.

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Regresamos a la casa para cenar y ya nos esperaba Luciano, con su mujer y su hijo, un chico de 22 años, encantador, al igual que su padre. La madre se quedó casi todo el tiempo en la cocina; ella solamente hablaba quechua, ya que, al ser la hija mayor de una familia numerosa, tuvo que hacerse cargo de sus hermanos desde muy joven sin poder ir a la escuela. Normalmente, en las familias taquileñas, se habla el quechua y los niños aprenden español en el colegio.

Compartimos la cena con Luciano y su hijo, en una mesa que estaba pegada a la ventana, justo detrás de la cama del hijo y a un costado de una puerta pequeña que llevaba a la cocina. Conversamos durante casi dos horas sobre las tradiciones y costumbres de la isla y sus planes en el futuro. Fue una velada muy especial y enriquecedora. Aunque no es  un recibimiento gratuito, la hospitalidad y amabilidad con la que te atienden éstas personas, abriéndote las puertas de casa y compartiendo su cultura, definitivamente marca una huella. Nos hubiese gustado compartir más tiempo con ellos, pero lamentablemente, al día siguiente, ya teníamos contratado el regreso a Puno.

Por la mañana, volvimos a compartir con Luciano, esta vez el desayuno y luego nos fuimos a la Plaza. Allí enviamos una postal hasta Barcelona, a nuestra querida iaia en la oficina de correos de la isla, que según los lugareños es la oficina de correos a más altura, en una isla, del mundo . Más tarde caminamos al restaurante a repetir el ritual del día anterior. Al acabar, nos fuimos con el grupo de regreso a Puno. Nos subimos en la parte superior y descubierta de la embarcación, junto a cuatro amigos de Terrassa (una ciudad cercana a Barcelona), un chico de Nueva York, dos chicas de México y una de Kerala, al sur de la India. Compartimos con ellos un montón de historias durante las tres horas navegando hacia Puno y quedamos para cenar esa noche.

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De regreso a Puno

En cuanto entramos al hostal, nos encontramos con Julia en el comedor; nos contó que Francesco había pasado la tarde anterior en la cama con fiebre y aún seguía delicado. En poco tiempo tenían un viaje de doce horas a Cusco y ella le estaba preparando una sopita. Nosotros nos fuimos a duchar y cambiar para la cena y cuando bajamos, Francesco ya estaba comiendo el ágape que Julia le había preparado. Estuvimos hablando un buen rato y nos despedimos de ésta encantadora pareja italiana que ojalá nos volvamos a topar en algún lugar del mundo.

Fuimos a cenar a un restaurante italiano con toda la tropa de catalanes, las mexicanas y el neoyorquino. Después de unas pizzas y un par de botellas de vino, nos fuimos a tomar una copa a un bar, donde nos sentamos alrededor de una mesa sobre unos cojines en el suelo. Solo pudimos tomarnos una copa, porque, entre charlas y dardos, se nos voló el tiempo y resulta que a las 11:00 de la noche cierran todos los locales en Puno.

De Puno a Copacabana – ¡Bienvenidos a Bolivia!

Nos despertamos por última vez en Perú, o eso creíamos. Alistamos nuestras maletas y nos dirigimos a la terminal terrestre para tomar un bus hacia Copacabana, un pueblo a orillas del Lago Titicaca en el lado boliviano.

Antes de llegar a la frontera, nos detuvimos a cambiar los pocos soles que teníamos, pues nos dijeron en el bus que tendríamos que pagar una tasa, de 4 bolivianos, para entrar a Copacabana. Para cruzar la frontera, nos bajamos del bus y pasamos por el punto de migración de Perú, donde nos quitaron la tarjeta migratoria y nos despedimos de este hermoso país. Luego caminamos y pasamos la frontera a pie hasta llegar a la oficina de migración y aduanas de Bolivia. Allí nos sellaron nuestro pasaporte y nos dieron la bienvenida a Bolivia.

El bus pasa únicamente con el chofer y luego de que todos los pasajeros estaban adentro, nos pusimos en marcha. Cual fue nuestra sorpresa, a los pocos metros de estar en tierras bolivianas, el bus se detuvo. Unos minutos después nos informaron que había un bloqueo y que tendríamos que caminar: “Si quieren llegar a Copacabana agarren sus maletas y vamos andando una hora, el que no quiera se puede quedar en el bus y regresar a Puno”.

Como el resto de los pasajeros, nos bajamos indignados, cargamos las mochilas y seguimos a pie por caminos secundarios. Nos quedamos rezagados del grupo porque, la noche anterior, Gaby se había doblado el tobillo en Puno y le dolía bastante. Avanzábamos muy lentos, junto a dos chicas argentinas que apenas podían con su equipaje. Al retomar la carretera principal, notamos que estaba llena de piedras. Había muchos lugareños sentados en el borde de la calle, pero nadie sabía quién las había puesto, ni por qué, y ninguno hacia el mínimo gesto de moverlas.

Seguimos por la carretera esperando encontrar alguna combi que nos llevara hasta nuestro destino, pero solo circulaban personas a pie, en ambas direcciones. Una hora y media después, encontramos más piedras bloqueando el paso y al otro lado unas combis esperando pasajeros. ¡Qué alivio! Gaby estaba a punto de llorar porque su pie ya no daba más y, antes de ver las combis, solo veíamos una montaña que hubiésemos tenido que subir y luego bajar; detrás de ella estaba el pueblo de Copacabana. Tomamos una de las combis y, curiosamente, el precio era 4 bolivianos cada uno.

Finalmente, llegamos sin más inconvenientes al Hostal Sonia que nos había recomendado la propietaria del Inca Rest, el hostal donde nos alojamos en Puno. Nos quedamos ahí dos noches y disfrutamos de este pueblo que nos sorprendió; con una enorme iglesia en la plaza principal, la calle más importante llena de restaurantes, cafés, tiendas de artesanías y agencias de turismo y el puerto donde había bares con terrazas muy playeras, Copacabana nos encantó.

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Adicionalmente, encontramos la mejor cafetería a la que hemos ido en todo el viaje, hasta ahora: El Condor and the Eagle. Es un local regentado por una pareja boliviano-irlandesa, muy agradables, con los que hablamos largo y tendido, y, entre otras cosas, nos aconsejaron qué hacer en este momento de bloqueos. Una peculiaridad del local, por lo que lo recomendamos especialmente a otros mochileros, es que dispone de varios cuadernos donde los viajeros anotan sus experiencias y recomendaciones. Tienen un cuaderno de Bolivia, uno del resto de América del Sur y otro del resto del mundo. ¡Una idea genial! Nos quedamos horas leyendo varios cuadernos, incluso de lugares a los que no pensamos ir, pero solo por curiosidad y, cómo no, también hicimos nuestro aporte a la causa.  Además, el desayuno es buenísimo y a Gaby le encantó que tenían un té de limón con jengibre delicioso, que le recordó a los que preparaban en el Café JC de Cusco, su favorito.

En Copacabana también nos sorprendieron los precios, ya que teóricamente, es mucho más económico que Perú, pero no este pueblo, que era más caro que la mayoría de sitios en el país vecino.

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Isla de Sol

Al tercer día, agarramos nuestras mochilas pequeñas y nos fuimos al puerto, decididos a explorar las islas del lago, en la parte boliviana. Buscamos un transporte que nos llevara a la isla más grande del lago, La Isla del Sol. Esta isla tiene dos puertos, uno en el norte y otro en el sur. Normalmente la gente llega a la parte norte de la isla y desde allá enfila un camino que conduce hasta el sur, desde donde se regresa a Copacabana. Algunos pasan la noche en el norte, otros en el sur. Ambas opciones son interesantes. Nosotros nos quedamos en el norte y solo hicimos un tramo del camino ya que Gaby no estaba del todo recuperada de su tobillo.

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El primer día lo compartimos con Gemma, una chica de Barcelona, con Marcos, un chico argentino y con otra chica argentina. Nos tumbamos en la “playa” que estaba frente a nuestro hostal. Estábamos en una pequeña bahía y yo me adentré con Marcos bastantes metros; el agua del Titicaca no nos pasaba de la rodilla. Cuando empezó a oscurecer, en el agua quedaba un bote con dos niñas dentro que parecía habían encallado. Yo me dirigí a ayudarlas y finalmente conseguimos liberar la embarcación. Sorprendentemente, a pesar de la altura y la temporada de invierno, el agua no estaba demasiado fría.

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Nos llamó mucho la atención que había varios animales paseando libremente por la “playa”. Burros, ovejas, vacas, perros y hasta cerdos! Algunos se nos acercaban bastante y un perrito muy simpático buscó refugió a nuestra vera y nos acompañó hasta que nos fuimos.

La mañana siguiente, recorrimos el camino mencionado, que nos transmitió cierta melancolía, ya que algunos tramos nos recordaban a la Costa Brava, salvando las distancias, y la nostalgia de estar tantos meses alejado de esos lares. Fuimos hasta la “piedra sagrada” y regresamos en busca del bote que nos llevaría de vuelta a Copacabana, donde en teoría pasaríamos una última noche.

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Durante nuestra estancia entre la Isla del Sol y Copacabana, empezaron otros muchos bloqueos en Bolivia, el más importante, el de los mineros. Estos, habían bloqueado casi todas las carreteras principales del país. En la Paz había cinco bloqueos por diferentes motivos; a la terminal terrestre solo se podía llegar desde Copacabana, pero después no se podía salir porque estaba todo el transporte de buses suspendido. Oruro estaba totalmente bloqueado por los mineros al igual que Cochabamba y la ciudad de la Paz. Esto complicó nuestra idea de viaje, especialmente cuando vimos en las noticias que los conflictos con los mineros provocaron cinco muertos, entre ellos, el viceministro de interior.

Dada ésta situación, nos quedamos una noche más en Copacabana, para sumar dos noches más desvelado y hambriento por la altura. En ese momento tuvimos que planear y preparar un cambio de ruta, que nos costó una semana de viaje sin parar, y que ya les explicaremos en el siguiente post. Mientras tanto, disfrutamos un poco más de ese hermoso pueblito, de nuestros amigos del Condor and The Eagle Cafe y de la belleza del Lago Titicaca.

INFORMACION PRACTICA

Transporte:

  • Cusco-Puno: Bus de Cruz del Sur – Costo del boleto: 110 soles / 32 USD por persona – Tiempo de recorrido: 7 horas
  • Puno-Copacabana: Costo del boleto: 25 soles / 7.50 USD por persona – Tiempo del recorrido: 3 horas

Hospedaje:

  • Puno: Inca Rest – Costo de una habitación privada con baño compartido y desayuno: 55 soles / 16 USD por noche – 100% recomendado. Muy limpio, personal super amigable, el desayuno excelente (incluye huevos!) y la ubicación un poco alejado del centro pero en un buen lugar. Volveríamos a hosperdarnos aquí.
  • Copacabana: Hostal Sonia – Costo de un< habitación privada con baño privado y desayuno: 150 bolivianos / 23 USD – Lo recomendamos porque estaba limpio y el desayuno también fue bueno. Sin embargo, queda algo lejos del centro y de la calle principal.

Tours:

  • Uros, Amantani y Taquile: Contratamos el tour directamente en el Hostal Inca Rest y nos costó 105 soles / 31 USD por persona. Esto incluye el traslado a las islas, visita a los Uros, almuerzo y cena del primer día en Amantani, alojamiento (1 noche) en Amantani y la visita a Taquile con desayuno y almuerzo al día siguiente.
  • La noche adicional en Taquile con la cena y el desayuno incluido nos costo 50 soles / 15 USD, cada uno.

Qué llevar a las islas: Para hacer el tour a las islas te aconsejamos dejar tu mochila grande en el hostal y llevar una de 20 L. Lleva agua, papel higiénico y un frontal o linterna porque en la noche no hay electricidad. También puedes llevar algunas frutas para regalar a la familia y/o compartir con los demás viajeros.

Lo que nos puedes dejar de visitar: Si estás en Puno definitivamente te recomendamos el tour a las islas del lago y una visita al mercado de artesanías, donde dicen, están las más baratas de todo Perú.

En Copacabana no dejes de pasar a comer o tomarte algo en El Condor and The Eagle Cafe y pregunta por los famosos cuadernos donde podrás ver más recomendaciones de otros viajeros.

Fecha de nuestra visita: 17 al 26 Agosto de 2016

 

 

 

 

 

 

This entry was published on September 20, 2016 at 11:30 pm and is filed under Uncategorized. Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

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