Explorando Atacama

Tras una semana de buses, al llegar al hostal en San Pedro de Atacama, dejamos todos los bártulos y nos fuimos al centro, a la Calle Caracoles, donde se encuentran todas las agencias de turismo, los restaurantes, bares, cafés, mini mercados y tiendas de artesanías.

San Pedro de Atacama es un pequeño pueblo de unos 5,500 habitantes, situado en la región de Antofagasta, al noreste de Chile. Es uno de los destinos turísticos más importantes del país, por su situación geográfica, dentro del Desierto de Atacama y la proximidad a distintos puntos de interés como el Salar de Atacama, Piedras Rojas, el Géiser del Tatio, el Valle de la Luna, entre otros. Además, se encuentra muy cerca de la frontera con Bolivia por el Salar de Uyuni y de la frontera con Argentina por la provincia de Jujuy.

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En cuanto llegamos, notamos una gran diferencia en el clima más invernal del que veníamos. En Atacama, hacía muchísimo calor durante el día y por la noche bajaba la temperatura y era necesario abrigarnos. Yo con mi jersey estaba bien pero Gaby, que es muy friolera, andaba con la chaqueta y varias capas de ropa encima.

En San Pedro de Atacama también se nota que estás en un entorno desértico. No encontramos ninguna calle asfaltada y muchas edificaciones están hechas de adobe sin pintar. Por esto, en el pueblo sobresalen tonalidades de marrón, que te hacen sentir que estás en el medio de la nada.

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Desde San Pedro de Atacama empiezan muchas expediciones por el famoso Desierto de Atacama, el desierto más árido del mundo, que abarca el norte de Chile y la costa sur de Perú. Allí se pueden observar distintos paisajes: desde extensísimos campos de sal, lagunas y cordilleras repletas de volcanes, hasta valles que te trasladan a mundos lejanos y grandes zonas cubiertas por pequeños matorrales, de los que se alimentan las vicuñas y vizcachas que se pasean libremente.

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El primer día en San Pedro de Atacama nos dedicamos a buscar información sobre las excursiones por el desierto y también sobre los tours al Salar de Uyuni, la atracción más grande, con diferencia, de toda la zona. Había demasiadas opciones y distintos tipos de tours. De pocas horas, del día entero, algunos caros, otros más caros. No nos queríamos quedar tanto tiempo en el pueblo, porque como mencionamos en nuestro post anterior, Chile es un país costoso y el pueblo de Atacama es de los lugares más caros del país. Con esto en mente, teníamos que decidir, entre tantas opciones y organizarlo para que nos rindiera el tiempo al máximo.

Seguimos nuestra ruta de agencias turísticas y después de la quinta o sexta, nos fuimos a comer y a procesar toda la información que acabábamos de recibir. Estábamos un poco abrumados. Fuimos a un local cercano en el cual conviven dos restaurantes; uno vegetariano, donde Gaby ordenó una empanada caprese enorme, y el otro donde tenían un menú y yo me agarre una sopa y un chuletón de cerdo. El precio era bastante aceptable comparado con la gran mayoría de los vecinos. Nos fuimos aclarando un poco y coincidimos en que, lo que más nos interesaba conocer era El Valle de la Luna, Piedras Rojas y hacer el tour Astronómico.

Habíamos leído que en el punto de información turística hay un “libro de reclamaciones”, donde la gente anota sus experiencias con las agencias de turismo, y que puede ser muy útil para decidir con cual contratar los tours. Nos fuimos allá, descubrimos la agencia con las mejores referencias y tomamos la decisión de ir a sus oficinas.  La agencia se llama Lithium Travel, y al llegar, conversamos con un chico muy majo y contratamos los dos tours con ellos. El Astronómico, lamentablemente, no lo pudimos hacer porque cuando las noches son nubladas, normalmente lo cancelan porque no se ve nada, y este fue nuestro caso.

Piedras Rojas

Nos encontrábamos en la recepción del hostal, unos 10 minutos antes de la hora que dijeron que nos pasarían a buscar. No estábamos seguros si lo encontrarían porque, está a la salida del pueblo y no hay ninguna indicación en la fachada que te haga pensar que no es una simple vivienda. Unos 5 minutos pasada la hora, llamaron a la puerta y las dudas desaparecieron.

Recogimos a un par más de parejas y salimos del pueblo hasta nuestra primera parada: el Salar de Atacama y Reserva Nacional de Flamencos. El Salar de Atacama es el salar más grande de Chile, situado a 2,305 msnm. Tiene aproximadamente 3,000 km cuadrados y en él se encuentran grandes reservas de litio, potasio y yodo, y habitan una gran cantidad de aves y mamíferos como los flamencos y las vicuñas.

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Al llegar, dimos una vuelta por un caminito habilitado para visitantes, que se abre paso entre un extenso campo de sal. El guía nos explicó sobre la formación del salar y nos contaba que nos encontrábamos en un entorno ideal para los flamencos, por lo que una gran parte al norte del salar ha sido declarada como una reserva nacional de flamencos.

En la reserva hay varias lagunas que se forman en medio del terreno salado, donde el flamenco encuentra los microorganismos para alimentarse y así adquirir su color rosáceo; además, esconden sus huevos alrededor de las aguas creando sus nidos para protegerlos de los depredadores. Entre éstas lagunas, visitamos la Laguna Chaxa y observamos distintas comunidades de flamencos en su hábitat natural. El paisaje era impresionante, árido pero con agua y lleno de costras de sal, que son formadas por la evaporación de aguas subterráneas. En el horizonte, se veían las montañas y volcanes de los alrededores.

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Al terminar la explicación, el guía nos preparó un desayuno afuera del minibús con pan, jamón, queso, galletas, jugos, café y té. El clima estaba algo frío y enseguida Gaby se sirvió un té y yo un café calentito para pasar el rato, mientras compartíamos con los demás visitantes que eran de Brasil.

Una hora más tarde, nos detuvimos, justo pasado un repecho y en frente vimos una laguna en la que se apreciaba sal alrededor, unas montañas coloridas de fondo y unas piedras rojizas a un costado. Llegamos a Piedras Rojas, nos bajamos del minibús y anduvimos hasta el lago. El viento empezaba a soplar con más fuerza así que llevamos las chaquetas, los gorros y hasta los guantes de alpaca que habíamos comprado en Arequipa.

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Piedras Rojas está ubicado en la zona de Aguascalientes, a 4,000 msnm y 160 kilómetros desde San Pedro de Atacama. Recibe su nombre por el color de las rocas; éstas son magmáticas, formadas por la lava debido a la gran actividad volcánica de la zona y han adquirido el color rojizo por la oxidación del hierro que contienen. Nos acercamos cada vez más, hasta que llegamos a la laguna que era de un color turquesa, precioso. Además, vimos que la superficie tenía una fina capa de hielo; la laguna estaba igual que Gaby, congelada.

Las formas peculiares de las piedras rojas, junto a la laguna, y las montañas de los Andes en el horizonte, conformaban un contraste de colores único. Se nos olvidó el frío y nos quedamos afuera hasta el último segundo, contemplando el paisaje espectacular que nos rodeaba.

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Posteriormente, visitamos dos lagunas más: la Laguna Miscanti al pie del cerro homónimo y la Laguna Miñiques, la cual se forma gracias a la anterior. En éstas, vimos varios grupos de vicuñas bebiendo agua y un paisaje muy diferente al anterior, pero igual de increíble. El agua en éstas lagunas tiene un color azul más profundo, el cual contrasta perfecto con las plantas de la zona, una hierba amarilla que se encuentra en abundancia y que degustan los camélidos en este medio.

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Después de deleitarnos con estos majestuosos paisajes, estábamos hambrientos y teníamos que dirigirnos al pueblo de Socaire a comer, pero el minibús parecía que no estaba por la labor. Para salir de las lagunas teníamos que subir una lomita que, aparentemente, era demasiado trabajo para el vehículo. Después de varios intentos, finalmente, pudimos hacer cima y volver a descender hasta el restaurante.

Socaire es un pueblo muy pequeño de unos 360 habitantes, localizado a 86 kilómetros de San Pedro de Atacama. Fue una importante zona de explotación de oro en el pasado, pero actualmente sus habitantes se dedican a la agricultura. Una vez devorada la comida, yo me dirigí a una pequeña iglesia antigua hecha de adobe de la que nuestro guía no supo darnos fecha, no obstante, supone ser muy antigua.

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De camino a San Pedro hicimos una parada más, para ver el hito que representa el paso del paralelo 23 o Trópico de Capricornio, por el Desierto de Atacama y que a su vez se cruza con un camino inca. El hito es una pequeña estructura que además señala los puntos cardinales. El camino inca llegaba hasta Bolivia, según nos explicó el guía, y seguramente se conectaba con otros caminos, ya que por estas vías de comunicación se fue expandiendo el dominio inca por la región.

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Mapa del Recorrido – maps.google.com

El Valle de la Luna

Para nuestra visita al Valle de la Luna, saldríamos de la agencia de turismo a las 4:00 de la tarde. Partimos con unos minutos de retraso y al llegar al punto de control había mucha cola. Pasado este punto, vimos un cambio total en el paisaje. Esta vez sin vegetación, todo de color marrón y algunas partes blanquecinas, donde el viento se había encaprichado, en moldear a su antojo, las rocas y dunas de arena, elaborando un paisaje que te traslada a otro planeta.

Sabiendo que éramos de los últimos, el guía creyó que sería mejor empezar por el final y así lo hicimos. Subimos una cuesta, donde veíamos los ciclistas (que no habían querido pagar por el tour), esforzarse para alcanzar la cima del tramo más empinado, y nos fuimos directos al último punto del recorrido. Allí vimos las Tres Marías, unas esculturas formadas por la erosión del viento y junto a ellas, una roca que parece una cabeza de dinosaurio saliendo de la tierra rodeada de huevos gigantes.

Nuestro guía nos hizo ver varias figuras que tenían unas formas muy claras, y otras no tanto, y nos contó de varias interpretaciones que habían hecho otros turistas. Por ejemplo, ver a pac-man en la cabeza del dinosaurio o una pareja desnuda abrazándose en la María del centro.  También comentó que antes, se podía circular libremente por toda esa zona, pero que lo han restringido porque los visitantes se hacían fotos tocando éstas obras de la naturaleza, y un chico había roto una de ellas.

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Deshicimos el camino hecho, un tramo en el minibús y otro caminando. Pasamos junto al anfiteatro y al pie de la Duna Mayor, dos puntos con mucho reclamo dentro del valle, pero no teníamos demasiado tiempo y fuimos avanzando hasta llegar a la entrada de una caverna.

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La caverna es una cueva natural completamente formada de sal endurecida. Nos adentramos por un pasadizo entre las montañas hasta llegar a la boca de la hendidura, cada uno con nuestro frontal o linterna, en la parte más oscura. Al principio, Gaby no sabía si entrar ya que es un lugar muy estrecho y no recomendable para claustrofóbicos pero al final se animó.

Había partes en las que ni siquiera podíamos pasar de pie, sino que, teníamos que agacharnos y cuidar de no golpearnos la cabeza. Llegamos a un punto en el que nos detuvimos para escuchar las explicaciones del guía, en cuclillas por el espacio reducido. Iluminamos una roca  que quedaba a un costado y pudimos observar que era hecha de sal, ya que al iluminarla se veía transparente y se podía percibir el interior de la misma.

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Fue muy interesante aunque Gaby no dejaba de pensar en ver la luz natural del final del camino y encima el guía nos dice, bromeando, “imagínense qué pasaría, si empieza un terremoto en este momento”. Salimos disparados y seguimos unos metros hasta ver la luz del día, trepamos por la ladera que quedaba a la derecha para hacer el trayecto de vuelta por encima de la caverna y regresar al vehículo.

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El sol ya estaba cayendo y solo nos quedaba ir al mirador donde veríamos el atardecer. Salimos del valle en dirección al mirador de Kari. Desde este punto, se aprecia una vista aérea del Valle de la Luna, que con el ocaso adquiere unos colores muy interesantes, conformando un espectáculo natural magnífico. En el mirador se encuentra la famosa Piedra del Coyote, donde se podía hacer fotos en el borde. Ya hace un tiempo que se ha prohibido el acceso porque la roca tiene una fisura y se teme que, en cualquier momento, ceda. Hay unas cuerdas que prohíben el acceso, sin embargo, igual hay mucha gente que salta la cuerda y se acerca al abismo para inmortalizar el momento. Eso mismo hizo Gaby y se acercó, mientras yo intentaba hacerle una foto e ignorar los nervios por el respeto a las alturas.

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Mapa de recorrido – maps.google.com

Regresamos a San Pedro de Atacama y así terminamos de explorar el desierto. Esa noche, después de cenar, nos fuimos directo al hostal a preparar nuestras mochilas rojas, llenos de emoción y expectativa por los días venideros. La mañana siguiente, saldríamos a una de las excursiones más esperadas del viaje: El Salar de Uyuni.

Información Práctica:

Transporte:

Iquique-Calama: Compañía Turbus – Precio del billete: 9,200 CLP / 14 USD – 5 horas

Calama-San Pedro de Atacama: Compañia Turbus – Precio del billete: 3,200 CLP  / 5 USD – 1 h 30´

Hospedaje: Nos hospedamos en dos hostales diferentes que numeramos en orden de preferencia a continuación:

  1. Eden Atacameño:  Precio por noche en habitación privada con baño compartido: 24 USD.
  2. Hostal Alabalti: Precio por noche de una cama en un dorm de 4 con baño compartido: 13 USD.

Tours: Contratamos los tours con Lithium Travel y recomendamos mucho ésta agencia. Los guías estaban preparados y fueron muy amables y divertidos. Los precios que ofrecen son competitivos pero realmente casi todas las agencias ofrecen el mismo precio. Las comidas deliciosas y buenas porciones.

Lo que no puedes dejar de visitar: Piedras Rojas y ver el atardecer en el Valle de la Luna.


Si necesitas más información o tienes alguna pregunta sobre nuestro post, déjanos un comentario  o escríbenos a mochilasrojas04@hotmail.com

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This entry was published on October 3, 2016 at 4:21 pm and is filed under Uncategorized. Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

One thought on “Explorando Atacama

  1. Pingback: El magnífico Salar de Uyuni | Mochilas Rojas

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