El magnífico Salar de Uyuni

Nuestra experiencia en el Salar de Uyuni se las relatamos con mucha alegría y emoción, por revivir unos días inolvidables. Salimos desde San Pedro de Atacama, cruzamos la frontera de Chile con Bolivia, atravesamos las lagunas altiplánicas, dormimos en refugios y seguimos nuestro camino por el departamento de Uyuni, localizado al suroeste de Bolivia, hasta llegar al magnífico desierto de sal.

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El primer día, nos encontrábamos en la frontera de Chile con Bolivia, montados en el “Jeep”, aguardando, muy ansiosos, que comenzará el paseo. Nuestras mochilas rojas también estaban listas, en el capote del “Jeep”, sin embargo, hubo un pequeño inconveniente con uno de los coches y, mientras esperábamos, yo aproveché, saqué mi libreta y empecé a escribir.

Esa mañana, salimos del hostal a las 7:00, en un bus pequeño, con unas quince personas más. En ese busito llegamos a la frontera, pasamos migración y nos cambiamos al “Jeep”, como ellos le llaman, porque realmente no es un Jeep es un todo terreno de Land Cruiser. Este fue nuestro transporte por los próximos tres días. Desde San Pedro de Atacama (2,407 msnm) a la frontera chilena, subimos en poco tiempo a una altura de 4,400 msnm; la temperatura era bajo cero y el viento imparable y congelado.

Antes de llegar a ese punto de la frontera, el conductor del bus nos advirtió que estábamos a punto de comenzar un tour fascinante, pero bastante difícil, debido a la altura y a las temperaturas extremas que debíamos soportar. Además, dormiríamos en refugios que solo cubren las necesidades básicas, es decir, cero electricidad y cero calefacción. Finalmente, se despidió diciendo: ¡Bienvenidos a Bolivia, el país donde nada es seguro y todo puede pasar! Y esto ya lo teníamos muy claro, por experiencia propia, considerando lo que nos pasó por Copacabana… pero bueno, allí estábamos nuevamente, rumbo a lo desconocido!

Las quince personas nos dividimos en grupos de cinco para ir en los “Jeeps”; nosotros íbamos con tres viajeros brasileños: una pareja de Sao Paulo y una chica de Vitoria, y, por supuesto, con nuestro guía/conductor/mecánico/medico/etc., que era boliviano.

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Contratamos el tour con World White Travel, después de visitar varias agencias, como explicamos en nuestro post de Atacama. Nos decidimos por ésta, ya que habíamos leído muy buenos comentarios en el famoso cuaderno de viajeros que encontramos en  El Condor and The Eagle Café en Copacabana. El tour es de tres días hasta llegar al salar, que es el highlight del paseo, sin embargo, los demás lugares visitados nos dejaron sin aliento, y no solo por la altura, si no, por todo su esplendor.

En la frontera, entramos a una pequeña casa, donde había una sala habilitada para el desayuno. Todos fuimos directo a buscar un café o té, bien caliente, para refugiarnos de la baja temperatura exterior. Al terminar, nos dirigimos a otra casita, donde se encontraba la migración boliviana pero, para acceder al interior, tuvimos que hacer una fila a la intemperie, muertos de frío. Por suerte el sol ya se dejaba ver y suavizaba un poco la espera. Llegamos adentro, nos sellaron los pasaportes y nos percatamos que pocos panameños frecuentan la zona, pues no tenían ni idea si yo necesitaba algún visado o no y tuvieron que consultarlo, tardando varios minutos. La migración chilena la habíamos pasado media hora antes, justo al salir de San Pedro.

Día 1

Después de todos los trámites, cruzamos la frontera, entramos a la Reserva Nacional Eduardo Avaroa y se abrió una gama de paisajes espectaculares. Desde allá se podía ver una laguna, a la cual, pocos minutos después, nos acercamos. Era la Laguna Blanca, nuestra primera parada. Al aproximarnos, pudimos comprobar que gran parte de la superficie estaba helada.

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Nuestro guía o mejor dicho, “multitasking man”, nos hizo una pequeña explicación sobre el origen del nombre debido al color de la laguna, y seguimos hasta la Laguna Verde, que se encuentra justo al lado de la anterior, y se forma gracias a ella. Como dice su nombre, es de un color verdoso indescriptible, y depende de la hora del día el color es más o menos intenso. Me costaba asimilar la belleza del entorno que nos rodeaba, los contrastes entre el cielo, el agua y la tierra conformaban un paisaje que jamás imaginamos. Después de las fotos de rigor, seguimos la ruta y visitamos unas aguas termales, gésiers y el Desierto de Dalí.

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Quico tuvo el valor de meterse en las aguas termales a pesar de que la temperatura exterior era bajo cero, el viento fuerte y estábamos a más de 4,000 msnm. Disfrutó mucho estando dentro, ya que el agua tenía una temperatura de 28 grados Celsius, es decir, bastante caliente y agradable. No obstante, tuvo que caminar hasta allí, en vestido de baño, y, después, la peor parte… salir mojado del agua hasta el vestidor. Yo me quedé sentada haciendo fotos mientras admiraba el entorno. Las aguas termales eran naturales, y justo atrás de ellas, había un lago, un desierto de rocas, plantas, y algunas vicuñas que paseaban libremente.

Los géisers me sorprendieron, ya que no conocía éste fenómeno de la naturaleza. Un  géiser también es una formación termal, típica de zonas volcánicas, que, periódicamente, emite agua o vapor de agua a temperaturas muy altas. Por esto, cuando los visitamos, no podíamos acercarnos tanto; puede ser peligroso.  Físicamente, es un hoyo en la tierra por donde sale vapor y al estar observándolos me sentía como en otro planeta.

Igualmente visitamos el Desierto de Dalí, el cual recibe este nombre por las curiosas formas que adquieren las piedras incrustadas en la arena, que recuerdan al extravagante pintor catalán. Las piedras han obtenido éstas formas debido a la erosión del viento; otra obra de arte de la naturaleza.

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Finalmente, nos encaminamos hacia la Laguna Roja, donde se encontraba nuestro refugio. El refugio, literalmente, estaba en medio de la nada y consistía en una casa hecha de barro y piedras, con unas 10 habitaciones, dos baños, cocina y comedor. Como mencionamos anteriormente, cero electricidad y las ventanas de un cristal fino por donde el viento y el frío se colaban con fácilidad.

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Dejamos las mochilas allí y fuimos a una de las paradas más fascinantes del tour: La Laguna Roja. La Laguna Roja adquiere este color por los microorganismos que habitan en ella, que son el alimento de los flamencos. Es muy díficil describir estos paisajes con palabras y ni siquiera las fotos le hacen justicia a su belleza. Frente a la Laguna Roja sentí una inmensa mezcla de sentimientos: gratitud, alegría, sorpresa y especialmente nostalgia. Nostalgia de pensar que solo tenía ese instante, ese preciso momento para contemplar las maravillas de la Tierra y que más nunca volvería a estar allí… “¿Qué hago para capturar este momento, este aire, esta vista, estos sentimientos y la compañía?, ¿Cómo hago para no perderlo? Me da nostalgia incluso ahora que lo escribo porque me resulta imposible no reflexionar.

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Regresamos al hostal, nos tomamos unos mates de coca, conversamos con los compañeros de viaje y jugamos con unas cartas hasta que la cena estuvo lista. Nos ofrecieron sopa, chorizo, ensalada y pure de papa. Compartimos la cena con viajeros de todas partes del mundo, desde Nueva Zelanda y Australia hasta Holanda, Alemania y Austria; todos contando sus anécdotas y sueños de viaje.

Más tarde, nos fuimos a dormir. Nuestra habitación tenía seis camas con tres mantas cada una, y sólo eramos cinco personas, asi que yo me robé dos mantas de la cama que sobraba y Quico me dejó una de las suyas. Terminé arropada con seis mantas gruesas y, además, llevaba puesto tres capas de ropa en las piernas, cinco arriba y tres medias, y aún así tenía mucho frío. Antes de dormir, como siempre, saqué mi libreta pero, en menos de cinco minutos, tuve que guardarla porque tenía las manos congeladas y así no podía escribir.

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Día 2

Por la mañana, Quico se levantó muy temprano, ya que volvía con los síntomas que le producen las alturas: pocas horas de sueño y el hambre de madrugada con lo cual, las galletas que teníamos para merendar ya habían desaparecido. Después de desayunar, cargamos las mochilas rojas en el “Jeep” y retomamos el camino.

Primero, visitamos una piedra conocida como El Árbol, por su forma, producto de la erosión del viento. Allí también estábamos rodeados de unas montañas preciosas, lejanas y muy coloridas.

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Luego, nos dirigimos hacia un conjunto de cuatro lagunas altiplánicas y almorzamos en la última, la Laguna Hedionda.

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Al terminar, conducimos por una zona desértica, donde el terreno estaba moldeado a capricho del viento y al fondo se divisaba el Volcán Ollagüe, el único volcán activo de la zona, que siempre deprende una columna de humo.

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Llegamos al hostal donde nos quedaríamos, el cual estaba hecho, casi todo, de sal. Las mesas, las sillas, las bases de las camas, y las paredes, estabán totalmente cubiertas de sal. En este lugar por lo menos había duchas y agua caliente, así que aprovechamos para bañarnos y luego cenamos y volvimos a compartir experiencias con nuestros compañeros de viaje. Todos estábamos muy emocionados porque al día siguiente, finalmente, llegaríamos al salar.

Día 3

Eran las 5:30 a.m. y emprendiamos el camino a la estrella del tour: el Salar de Uyuni. El Salar de Uyuni es el desierto de sal más grande del mundo con una superficie de 11,000 kilómetros cuadrados a 3,600 msnm. Cada año se extraen apróximadamente 25,000 toneladas de sal y es la mayor reserva de litio del mundo.

La intención era llegar a ver la salida del sol desde el centro del salar, sin embargo, justo al entrar en él, nos detuvimos, porque el sol ya no resistía más las ganas de aparecer. Aunque no estábamos en el medio del salar, fue una experiencia extraordinaria. El sol se veía ascendiendo en el horizonte sobre una raya perfecta y los colores del amanecer reflejados en la blancura del suelo y de las nubes, y en las colinas que rodean el salar.

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Seguidamente, fuimos a la Isla Incahuasi, situada en pleno mar blanco. La isla está conformada por una montaña, en medio de la nada, donde hay una reserva de cactus gigantes. Subimos por un sendero hasta llegar a lo más alto y admiramos la inmensidad del paisaje que nos rodeaba, junto con nuestros altísimos amigos, los cactus, que medían hasta más de 10 metros de altura.

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Desayunamos en la isla y seguimos el camino. Al estar en el “Jeep” alejándonos de la isla, miraba por la ventana y veía una blancura que nunca antes había contemplado; un desierto blanco, plano y brillante. Miraba el suelo y parecía que estuviésemos flotando al avanzar.

Por fin nos detuvimos en algún lugar del inmenso salar y estando allí, parada, solo podía pensar que somos tan pequeños y diminutos y que la Tierra es inmensa, que la palabra inmensa se queda corta para describir tanta grandeza. Sin importar hacia donde enfocaban nuestros ojos, solo veíamos un blanco hermoso y el azul del cielo entre las nubes. Realmente nos sentimos en un lugar mágico, como si hubiésemos llegado, solos, a otro mundo.

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Nos sentamos en la sal. Sonreímos. Nos acostamos y miramos el cielo que parecía estar muy cerca. Nos hicimos un millón de fotos e intentamos adherir cada detalle de ésta magnífica experiencia en nuestra piel, para llevarla siempre con nosotros.

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En un artículo de un profesor leí que “quien no soporte incomodidades, jamás logrará grandes cosas” y creo que es la frase perfecta para la ocasión; las noches heladas, la falta de oxígeno por la altura, el viento congelado quemándonos la cara y todas las incomodidades valieron, completamente, la pena. Como siempre decimos, lo volveríamos a hacer todo de nuevo… Y, ojalá, así sea!

Después de ésta increíble experiencia, regresamos al “Jeep” y nos fuimos en dirección al pueblo de Uyuni, haciendo tres paradas. La primera fue en la salida del salar, donde había, por un lado, unos “charcos” de agua hirviendo, conocidos como los “ojos del salar”, que surgen producto de las aguas subterráneas de la zona y los minerales que contienen. Por otro lado, vimos la escultura del Dakar, el famoso rally que ha pasado en varias ocasiones por el salar.

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La siguiente parada fue en un pueblecito que está justo a la salida del desierto, donde vendían artesanías y allí nos dejaron pasear un buen rato. Aquí es importante mencionar que, más adelante en el viaje, nos dimos cuenta que los precios en este mercadito eran más económicos que en Potosí y Sucre, y evidentemente mucho más que en San Pedro.

Nuestro tour se acercaba a su fin y llegamos a la última parada: el cementerio de trenes, compuesto por una antigua vía férrea, por donde antiguamente transportaban los minerales hacia la costa, y los restos de las locomotoras y vagones usados. Este lugar es un espectáculo para los amantes de los trenes.

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Nos despedimos del Salar de Uyuni, de nuestros queridos compañeros de viaje y de nuestro excelente guía. Llegamos al pueblo de Uyuni, almorzamos, y más tarde tomamos un bus para seguir explorando Bolivia, ésta vez sin bloqueos.

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Información Práctica:

Transporte – Hospedaje y Comida: Todo incluído en el tour que contratamos con World White Travel por 150 USD. Nosotros contratamos el tour en San Pedro de Atacama, Chile pero para llegar al salar también puedes hacerlo desde Argentina y, lógicamente, desde Bolivia. La última opción es la más económica.

Qué debes llevar:

  • Ropa MUY abrigada y un saco de dormir (no es indispensable pero ayuda en las noches frías)
  • Llevar algo para merendar durante el día (frutas, galletas, etc.) y por supuesto, agua.
  • Protector solar
  • En nuestras mochilas pequeñas nunca faltaba un rollo de papel higiénico y los frontales, que fueron útiles por la noche, en el primer refugio, ya que la electricidad era escasa.

 


Si necesitas más información o tienes alguna pregunta sobre nuestro post, déjanos un comentario  o escríbenos a mochilasrojas04@hotmail.com

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This entry was published on January 9, 2017 at 9:18 pm and is filed under Uncategorized. Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

3 thoughts on “El magnífico Salar de Uyuni

  1. Ja he fet una ullada al capitol, amb el meu nou aparatu, les fotos son boníssimes i el text ho deixo per demà.

    Petons.

    Toni

    El 9 gen 2017, a les 13:18, Mochilas Rojas va escriure: > >

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  2. Mireia on said:

    Los azules del cielo son bellísimos. Entiendo la nostalgia, pero hay que disfrutar del momento y para el futuro seguro que vendrán otros momentos mágicos, éstos ya no te los quita nadie. Sabes expresar y compartir tu emoción es una gozada leerlo.

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  3. Dentro de mi mochila on said:

    Creo q no hay nada como Uyuni. Verdaderamente precioso!!! Buen post!! Si queréis pasad por mi blog que tengo una entrada sobre mis sensaciones en Uyuni. Un beso compis!!!!

    Liked by 1 person

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