Potosí y Sucre, polos opuestos

Llevábamos dos horas de carretera por tierras bolivianas, en cada curva el paisaje me cautivaba más y aún nos quedaba una hora para gozar de este espectáculo.

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El bus se detuvo frente la antigua terminal de buses de Potosí, anunciado la última parada. Bajamos, agarramos nuestras mochilas rojas de la bodega y fuimos a buscar un hostal.  Esta vez no habíamos reservado nada, pero teníamos tres opciones anotadas en un mapa. Decidimos ir caminando a investigar cuál era la mejor, sin embargo, no contábamos con las empinadas cuestas que nos encontramos en el camino, añadido al cansancio acumulado que llevábamos encima.

Después de visitar el segundo hostal, nuestros ánimos decaían; los dos hostales estaban muy mal, se nos acababan las opciones y ya estaba oscureciendo. Por suerte, la tercera fue la vencida, y nuestra última opción el Hostal Felcar, nos agradó. Dejamos los bártulos, salimos a cenar a un local cercano y a dormir. Estábamos muertos después de todo lo vivido en la etapa anterior del viaje y necesitábamos recargar energías.

Potosí es una ciudad situada al sur de Bolivia, a 3,900 msnm, en las faldas del Cerro Rico, donde se encuentra lo que fue la mina de plata más grande del mundo en los siglos XVI y XVII. Después de las últimas semanas ajetreadas, de dormir poco y del subidón de Uyuni, nos entró un bajón en Potosí; los días eran fríos, Gaby estaba helada y el aire de la ciudad estaba especialmente polucionado por la falta de filtros en los vehículos. Aquella ciudad nos pareció triste, gris y sin ningún atractivo especial.

Esta perspectiva cambió significativamente al día siguiente, cuando visitamos la Casa Nacional de la Moneda. Allí nos recordaron dónde nos encontrábamos. La Casa Nacional de la Moneda fue fundada en 1572 por el virrey Francisco de Toledo y no fue hasta 1940 que el Gobierno de Bolivia la cedió a la Sociedad Geográfica y de Historia de Potosí, para administrarla. Desde entonces, organizaron un museo y archivo histórico, que actualmente recoge una parte importantísima de la historia de la colonización española y de la circulación de las monedas a nivel mundial. Gaby anotó en su libreta que, para ella, fue de los museos más interesantes que visitamos, y yo no puedo estar más de acuerdo con esa afirmación.

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Todas las visitas al museo se hacen con guía, lo cual es fantástico para informarse y entender la historia de este interesante lugar. Lamentablemente está prohibido tomar fotos en todos los espacios interiores del museo. Empezamos por unas salas repletas de obras de arte mientras que la guía nos explicaba alguna de ellas. Casi todas pertenecían a la escuela de arte de Cusco y estaban elaboradas por indígenas. Lo que nos sorprendió fue que, en la época colonial, los indígenas no estaban autorizados a firmar sus obras, con lo cual ponían su firma escondida en alguna parte de la obra. Y así lo comprobamos en una obra de Diego Giuspe, un pintor indígena que ponía su firma en las páginas de una pequeña Biblia que formaba parte de su obra de arte.

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Había pinturas que relataban parte de la historia de Potosí y la esplendorosa etapa en que era una de las ciudades más ricas del mundo. Cuentan sobre la importancia que tuvieron las minas de plata del Cerro Rico y cómo éstas fueron explotadas por los colonizadores. Se dice que se podría haber construido un puente de plata desde Potosí hasta España con todo el material que se extrajo; como contrapunto y aún más impresionante, se podía construir uno de vuelta con todos los esclavos fallecidos en el las minas y el tratado de la plata.

Nos mostraron todo el proceso mediante el cual transformaban la plata extraída en monedas con valor comercial. Después de fundir la plata y obtener una especie de lingote de plata, se pasaba a las máquinas laminadoras, donde se realizaban las láminas de plata sobre las cuales, posteriormente, se trazaban y cortaban las monedas. Las máquinas laminadoras fueron traídas desde Cádiz, en barco, hasta Buenos Aires y de allí trasladadas por tierra hasta Potosí. Las máquinas utilizadas están en el museo, y también nos explicaron su funcionamiento, el cual necesitaba de esclavos y burros para proceder. Los burros estaban atados a una rueda en un piso inferior a las máquinas y tenían que avanzar para hacer ésta rueda girar y accionar la maquinaria. Los burros tenían que soportar un peso inmenso y al cabo de pocas horas se quedaban parados porque ya no podían más. Se necesitaba esclavos para arriar y golpear a los burros para que se movieran. Los esclavos también debían limpiar las heces de los animales. Su esperanza de vida en este puesto era de 2 años. La guía nos explicó que los que realizaban ese trabajo eran los más afortunados ya que otros esclavos, que participaban en el proceso de fundición, tan solo sobrevivían unos cuantos meses, por los gases que aspiraban.

Al final de la visita pasamos por un salón lleno de vitrinas con las distintas monedas producidas en este lugar. Entre 1545 y 1600, los yacimientos del Cerro Rico representaban la mitad de la producción de plata a nivel mundial. Finalmente, en 1952 se cerró totalmente la fábrica de monedas después de casi cuatro siglos de producción. Nos recordaron también que Don Quijote modificó la expresión utilizada hasta entonces “esto vale un Perú” por la de “esto vale un Potosí” para referirse a algo con un valor muy elevado.

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Entre tantas anécdotas interesantes, nos hicieron ver el valor que algún día tuvo Potosí con la placa de Patrimonio Histórico de la Humanidad que les concedió UNESCO por el casco antiguo de la ciudad. Tristemente, es muy posible que les retiren este honor en los años venideros ya que está algo descuidado. Al final, a pesar del entorno de negatividad que llevábamos, claudicamos, y creemos que vale la pena hacer una parada en Potosí, sobretodo para visitar el museo y darse cuenta que, aunque parece increíble, hubo un tiempo que fue de las más ricas del mundo.

Al tercer día, decidimos marchar a Sucre. En el hostal nos indicaron que la mejor manera de viajar hasta allá era con unas combis que salían desde en frente de una gasolinera cercana al cementerio. Como en otras ciudades, las combis salen conforme se van llenando. Así lo hicimos, nos colgamos las mochilas rojas y nos fuimos con un bus del transporte público hasta dicha gasolinera. Delante se veían 4 o 5 coches captando clientes. Nos subimos al primero que nos habló, esperamos a la persona que faltaba y nos fuimos. Nos esperaban unas 3 horas en la carretera, con algo menos de curvas que la anterior, sin embargo, a los 40 minutos nos detuvimos, sin entender por qué. Nos vino a la mente los bloqueos que afectaron nuestro viaje semanas atrás, así como las palabras que nos dijo el conductor que nos había dejado en la frontera entre Chile y Bolivia. Al cabo de varios minutos, vimos al primer ciclista. Resulta que, precisamente ese día, en ese momento, una escuela había decidido hacer una carrera en bicicleta. Retomamos la marcha una hora más tarde y sin más imprevistos nos fuimos, contemplando una vez más, paisajes que nos encantaban.

Para Sucre sí reservamos tres noches en un hostal ya que nos dijeron que ese fin de semana se celebraba la Fiesta de la Virgen de Guadalupe y estaría todo llenísimo. Al llegar, tuvimos que andar unos 20 minutos desde donde nos dejó el coche. En un primer vistazo de la ciudad,  fue mucho mejor que la impresión inicial de Potosí.

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Sucre es la capital constitucional de Bolivia y sede del poder Judicial. Está ubicada a unos 160 km al noreste de Potosí y a 2,810 msnm (¡Buena noticia! Ya que no sufriría mis ataques de hambre y noches en vela).  Choquechaca era el nombre que le habían puesto sus habitantes, los Charcas, antes de la colonización. En 1825 se le cambió el nombre en honor a su libertador Antonio José de Sucre.

En Bolivia, volvimos a encontrarnos, en todas partes, con una bandera de muchos cuadritos, con los colores del arco iris, según la zona donde estuviésemos tenía algunas modificaciones, pero ya nos había seguido casi todo el viaje. Nos contaron que ésta bandera es la Whipala y representa a todos los pueblos andinos. En Bolivia tiene más relevancia porque está aceptada por la constitución, así que los cuerpos de la ley llevan en sus uniformes esta combinación tan colorida de cuadrados.

En Sucre la energía cambió por completo. No había comparación con la ciudad anterior; más luz, la gente muy alegre y más movimiento. Nos cautivó desde que llegamos. El centro tiene una plaza espléndida llena de árboles, plantas, flores y gente. La plaza está rodeada por varios edificios coloniales, todos muy bien pintados y mantenidos.

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Recorrimos toda la ciudad de arriba para abajo, relajados disfrutando del panorama. En Sucre se siguen conservando las edificaciones coloniales y fue una grata sorpresa lo bien que han sabido cuidar dicho patrimonio. Además, el hostal donde nos quedamos nos encantó, con unas zonas comunes muy agradables, con dos cocinas amplias y muy completas, espacio para hacer barbacoa y el wifi funcionaba bastante bien, para estar en Bolivia.

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Los días siguientes nos regocijamos con los desfiles que hacían por las calles de la ciudad en honor a su patrona, la Virgen de Guadalupe; un día los colegios con todos los alumnos, el siguiente, adultos e incluso invitados de otros países cercanos como Chile y Ecuador, quienes venían también a deleitarnos con sus bailes y trajes típicos. Participamos, sin querer, de un espectáculo maravilloso de color, música y danza.

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Otro día, anduvimos cuesta arriba hasta la plaza Pedro de Anzurez donde está el templo de la Recoleta a un lado, y al otro, unas arcadas y un mirador con vistas a la ciudad. Justo al lado hay unas pocas tiendas de artesanías, quizás de las más baratas en Sucre. Nos quedamos sentados en el mirador aprovechando la fantástica vista que teníamos de la ciudad. 

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En cuanto a lo gastronómico, como es habitual nos tomamos nuestros jugos de frutas y comimos en el mercado. También usamos la cocina del hostal, terminando así las existencias que acarreabamos desde Iquique, pero  hubo tres locales que nos gustaron bastante y seguidamente detallamos.

Pollos Rosita:

¡Nuestra parada favorita! Pollos Rosita fue un habitual en nuestra estancia. Aquí probamos de los mejores pollos fritos del mundo y por eso regresamos varias veces, incluso antes de que abrieran. Yo en alguna ocasión, pedí otro plato, unas “chuletas” gigantes, como ellos les llamaban, pero que eran en realidad una especie de milanesas y también estaban riquísimas.

La Taverne:

Es un restaurante al costado de la plaza, se entra desde un lindo patio interior de una casa. Se puede simplemente ir a tomar un mate de coca sentado en ese patio y disfrutar de un poco de tranquilidad.

Café Cóndor:

Es un lugar frecuentado por turistas básicamente en busca de una buena conexión wifi, tienen en uno de los laterales una agencia que organizan tours por la zona. Aquí nos quedamos varias horas tomando cafés y tés mientras uno escribía en el blog y el otro aprovechaba para leer un buen libro.

También visitamos una famosa chocolatería, Para Ti, de la cual habíamos leído muy buenos comentarios. Probamos el chocolate caliente y una tarta deliciosa! Además allí puedes encontrar el regalo perfecto para llevar a casa.

INFORMACION PRACTICA:

Transporte Uyuni-Potosí: Tomamos un bus de empresa privada desde Uyuni. El bus sale desde una de las calles frente a la Terminal de Buses. El recorrido demora 3h30min.

Transporte Potosí-Sucre: Desde Potosí se puede tomar un bus de empresa privada desde la Nueva Terminal de Buses de Potosí que está a 20 minutos del centro en taxi. Si no, también se puede coger un bus pequeño, que fue lo que nosotros hicimos y es más barato. Estos buses salen en cuanto esten llenos, desde la gasolinera que está por el cementario.

Hospedaje:

Residencial Felcar (Potosí): Precio por noche de una habitación privada para 2 personas: 10 USD.

Villa Oropeza Guest House (Sucre): Precio por noche por persona, en un dorm de 4 personas: 6,50 USD. Excelente lugar para hospedarse, ubicación perfecta, la atención muy buena y las instalaciones del lugar son geniales.

Lo que no puedes dejar de visitar: En Potosí, La Casa de la Moneda.

En Sucre, recomendamos subir a la Recoleta, también pasear por el casco viejo de la ciudad y si coincide, disfrutar de los desfiles de las Fiestas de Guadalupe. Y por supuesto, Pollos Rosita!!

Fecha de nuestra visita: Del 6 al 13 de Setiembre


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This entry was published on April 4, 2017 at 6:48 pm and is filed under Uncategorized. Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

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