“Haciendo dedo” en Argentina

Habían transcurrido dos horas, desde que esperábamos sentados en la salida de Moldes, a que algún vehículo atendiera las peticiones que les indicaban nuestros pulgares levantados. Finalmente, un pick-up se detuvo a nuestro lado; tan solo se dirigían a Cafayate, un pueblo a unas tres horas desde donde nos encontrábamos. No era el destino ideal pero ya nos parecía bien ir hasta ese punto y seguir el camino al día siguiente, para llegar a San Miguel de Tucumán o a Córdoba, Argentina.

Moldes

Fue así como emprendimos el camino con Carlos y Claudia, una pareja de La Plata, la cuarta ciudad más poblada de argentina y capital de la provincia de Buenos Aires. Un par de meses atrás, uno de sus hijos se había ido de casa a “mochilear” y ya estaba en Ecuador. Había llegado hasta allí sin tomar ni buses ni, mucho menos, aviones, simplemente “haciendo dedo”. Para él no fue una tarea fácil, ya que son pocos los conductores que se detienen y se atreven a llevar a uno o dos desconocidos que “piden bote” con el dedo y con mochila. Motivados por esa experiencia, Carlos y Claudia salieron en su pick-up a recorrer el norte de Argentina y decidieron detenerse a recoger a los que encontrasen en la carretera, siempre que tuviesen espacio en el coche. Esto como manera de agradecimiento a todos los desconocidos que, en algún momento, acogieron a su hijo y lo transportaron hasta llegar sano y salvo a Ecuador.

Historias como ésta y personas tan encantadoras como Carlos y Claudia eran el motor que nos impulsaba a seguir el viaje, a pesar de las dificultades, y que, ahora, contándoles esta aventura desde nuestro cómodo sofá en Barcelona, nos hace cuestionarnos por qué no estamos allí afuera, buscando más ‘Carlos y Claudias’ y más momentos que nos transmitan lo que experimentamos en este viaje.

Después de escuchar sobre ellos, nosotros les explicamos cómo decidimos dejar la seguridad de nuestros empleos para lanzarnos a descubrir mundo y cómo acabamos allí, “haciendo dedo” en una carretera argentina.

De Sucre, Bolivia, a Salta, Argentina

El último día en Sucre, lo dedicamos a planear la siguiente fase de nuestro recorrido que sería por tierras argentinas. Investigamos entre mapas, blogs, visitando la terminal de transporte y en el hostal, cual era la mejor manera de ir desde Bolivia a Argentina. Averiguamos que hay diferentes compañías de bus que te llevan a Argentina, por tres rutas distintas. Sin importar cual de ellas tomes, el bus te deja en el pueblo boliviano más cercano a la frontera argentina, en nuestro caso, Villazón. Desde allí hay que cruzar la frontera caminando y luego llegar a la terminal de buses, situada en tierras argentinas, para desplazarte por el resto del país.

Así lo hicimos. A las 9:00 de la noche, salimos en un bus desde la Terminal de Transportes de Sucre hacia Villazón. Fue difícil no quedarnos una noche más, o varias, en Sucre, ya que nos encariñamos muchísimo con esta ciudad tan tranquila y única.

Llegamos a las 5:00 de la mañana, no había salido el sol, estaba todo cerrado y la frontera aun tardaría un par de horas en abrir. Gaby estaba muy cansada y con pocas fuerzas para cargar la mochila y caminar en la oscuridad y el frío, en este pueblo en el medio de la nada, así que nos quedamos una media hora más resguardados dentro del bus. Finalmente salimos, nos colgamos las mochilas rojas en la espalda y caminamos 15 minutos hacia la frontera. Seguía estando oscuro y el pueblo apenas iluminado por alguna farola; no se veía nadie en las calles, ni personas ni animales, parecía un pueblo fantasma.

Una vez cruzada la frontera a pie, el sol empezaba a salir. Estábamos en La Quiaca, el pueblo argentino que limita con Bolivia, a unos 20 minutos de la estación de buses. En este corto tramo, me doble el tobillo, una vez más. En esta ocasión llevaba la mochila a cuestas y una botella de agua en la mano, que no quise soltar. Me fui de cara al suelo y por suerte, no fueron más que rasguños.

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Tras besar tierras argentinas, llegamos, yo renqueante, a la parada de autobuses. Había varias compañías ofreciendo viajes a Salta y nos informaron que el próximo bus salía en hora y media, que solo aceptaban pesos argentinos, que no encontraríamos ningún cajero o casa de cambio cercano, y que la única solución era que alguien nos cambiara los bolivianos que llevábamos. Tan solo nos despegamos del mostrador y ya teníamos a varios encima, ofreciéndonos cambio.

Tres días en Salta

Siete horas después, llegamos a Salta y nos fuimos directo al hostal que habíamos reservado. Gaby estaba muy agotada, después de casi 20 horas viajando sin parar, así que el resto del día nos lo tomamos para relajarnos.

Salta es una ciudad situada al norte de Argentina, a 1.187 msnm. Al estar cerca de las fronteras de Bolivia y Chile, es una parada concurrida para aquellos que van o vienen de Uyuni o de San Pedro de Atacama.

Durante los tres días que nos quedamos en esta ciudad, se celebraba la fiesta de la patrona de Salta, la Virgen del Milagro. La Plaza 9 de Julio estaba muy concurrida ya que había diversos actos y discursos. En la Catedral, ubicada en la misma plaza, terminaba la procesión en honor a la patrona. Desde allí salen varias calles peatonales, las cuales estaban aún más llenas que la plaza. De igual manera decidimos recorrerlas e ir viendo la fiesta que se desarrollaba a nuestro alrededor, y que era muy distinta a la fiesta que presenciamos en Sucre. Aquí no había disfraces, ni vestidos coloridos, ni música tradicional, era una celebración bastante más religiosa y familiar. Veíamos a grandes grupos de familias y amigos, comiéndose un pancho (un perrito caliente o “hot dog”) en la calle mientras se tomaban una Coca Cola.

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Catedral de Sucre

En las montañas que quedan al este de la ciudad hay varios miradores interesantes. Nosotros subimos paseando hasta el mas cercano, el Cerro San Bernardo. Se puede acceder caminando, en coche o en teleférico. Nosotros escogimos la primera opción y el sendero está bastante bien adecuado y fácil de seguir a pesar que no hay mucha señalización. La mayor parte del camino es de escaleras y está bien iluminado para los que van de noche; de igual forma no está de más llevar una linterna. Desde el mirador se ve toda la plana en la que se encuentra Salta. Nosotros subimos al atardecer y disfrutamos de una vista espectacular. El clima que nos acompañó también fue perfecto, ni frío ni caluroso.

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El hostal donde nos hospedamos en Salta se llama La Covacha. Tiene una ubicación fenomenal, a unas cuatro calles de la Plaza 9 de Julio y a unas seis de la terminal de ómnibus. Además, el hostal está muy limpio y el ambiente es acogedor y amigable. Dos noches hubo cena comunitaria en la azotea. La primera, una barbacoa espectacular… no podíamos esperar menos de un auténtico asado argentino. La segunda noche, empanadas argentinas y lo mejor de todo fue que subimos antes para ayudar a prepararlas. Nos enseñaron “el repulgue“, como le llaman al movimiento que hay que hacer con el dedo para cerrar las empanadas. Normalmente hay distintas maneras de hacerlo dependiendo del relleno de la empanada. En esta ocasión teníamos una bandeja gigante de relleno preparado por la madre del dueño del hostal.

Ahora sí, haciendo dedo en Argentina

Siguiendo las recomendaciones de Gabriel y Nico, dos chicos argentinos que conocimos en el hostal, decidimos que haríamos dedo para llegar hacia nuestro siguiente destino: Córdoba capital. Estábamos cansados de los autobuses y nos apetecía hacer algo que nunca antes habíamos hecho. Dado que Salta es una ciudad grande, nos recomendaron ir a un pueblo más pequeño, como Moldes, porque la probabilidad de que nos recogiesen en ese sitio era bastante mayor.

La mañana siguiente, salimos temprano en un bus hacia Moldes. Estuvimos allí dos horas, haciendo dedo por primera vez, hasta que nos encontramos en el inicio de este post y aparecimos en el camino de Carlos y Claudia.

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Entre tantas historias con ellos, hicimos varios recesos para gozar del maravilloso paisaje que nos rodeaba. Estábamos transitando por la Ruta Nacional 68, un camino asfaltado en el norte de argentina, que es un espectáculo por si mismo. Pasamos por la Garganta del Diablo, el Anfiteatro, las Tres Cruces, el Fraile, el Obelisco, entre otros accidentes geográficos realmente espectaculares, que no habíamos visto en ningún otro lado.

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La Garganta del Diablo

Por último, llegamos a Cafayate, nos despedimos de Carlos y Claudia y conseguimos un hostal pequeño donde dormimos una noche. Al día siguiente madrugamos y volvimos a la carretera para empezar nuevamente a hacer dedo, esperando que alguien nos “levantara” y nos llevara hacia Tucuman o Córdoba.

Esta vez no tuvimos suerte. Pasamos más de seis horas en la carretera, desde las 9:00 de la mañana hasta las 3:30 de la tarde y nadie nos llevó. Pasaron alrededor de 230 coches y lo sabemos porque Gaby, como estaba aburrida, saco su cuaderno y se puso de estadista a contar cuantos coches pasaban. Algunos nos indicaban que iban cerca, otros que estaban llenos, otros no decían nada o no entendíamos los gestos que nos hacían con la mano porque aparentemente hay todo un lenguaje de comunicación establecido entre los conductores y los que hacen dedo. Evidentemente nosotros lo desconocíamos.

Durante las seis horas el sol estuvo intenso así que nos turnábamos, mientras uno estaba bajo el sol con el pulgar en el aire, el otro estaba debajo de un árbol, en la sombra, descansando. Fue duro estar allí al borde de la carretera esperando, pero también fue divertido! Había un camping cerca y estaban poniendo nada más y nada menos que reggaeton a todo volumen. Y, no cualquier reggaeton, si no Joey Montana, un cantante panameño que sin duda Gaby disfrutó muchísimo.

Entrada la tarde decidimos que ya habíamos tenido suficiente, nos fuimos a buscar algo de comer y luego a la estación de autobuses de Cafayate para evaluar cuales eran nuestras opciones de transporte.

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En la estación, todas las pequeñas oficinas de las compañías de autobuses estaban cerradas y un señor nos indicó que abrirían en una media hora. Estábamos algo preocupados, (o bueno, yo, poco preocupado, Gaby de los nervios!!!) porque teníamos poco dinero en efectivo y no sabíamos si sería suficiente para pagar dos billetes de bus. No aceptan tarjetas de crédito y, como si fuese poco, hay solo un cajero en Cafayate, que no dispensaba dinero en ese momento. Nos dijeron que teníamos que esperar hasta el Lunes (era Sábado) para que volviesen a alimentar el cajero con billetes.  No teníamos problema en quedarnos más tiempo allí, el problema era que en los hostales tampoco aceptaban tarjetas de crédito así que a ver dónde íbamos a pasar la noche o las siguientes noches.

Nos sentamos a esperar y, de pronto, buscando algo en el bolsillo de mi pantalón me encontré con una tarjeta personal que nos había dado Carlos por si algún día íbamos a La Plata, les avisásemos. Esto tenía que ser una señal… Se nos ocurrió contactarlos, ya que nos habían dicho que su intención era quedarse dos noches en Cafayate y luego seguir hacia Córdoba.  Gracias a la tecnología y al Wi-Fi (porque sí, hay wifi en la estación de autobuses pero no se aceptan tarjetas), les mandamos un mensaje y en pocos minutos nos respondieron. Qué gran alivio! Acordamos encontrarnos esa tarde en la plaza central de Cafayate para planear el viaje.

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En dos horas nos vimos de nuevo con Carlos y Claudia y quedamos en salir desde su camping a las 8:00 a.m. del día siguiente. Nos sentimos muy agradecidos porque aceptaron llevarnos nuevamente y ahora hasta Córdoba, que serían unas 11 a 12 horas de camino.

Más tarde nos fuimos paseando por el pueblo con nuestras mochilas rojas, en búsqueda de un alojamiento en donde pudiésemos pagar con tarjeta de crédito, si eso era posible, o donde pudiésemos dormir por el poco dinero que llevábamos. De la nada, nos sorprendió una mujer que se detuvo con su coche a nuestro lado. Era la dueña de un hostal cercano, y nos ofrecía una habitación a un buen precio. Le comentamos nuestra situación monetaria y ella, con mucha confianza, nos dijo que no era problema. Como esperábamos, no disponía de un datáfono en el hostal, pero podíamos pagarle con gasolina.

Aceptamos la propuesta, nos montamos en su coche, nos dirigimos a la gasolinera más cercana y llenamos el tanque con la cantidad justa de dinero que costaba una noche en el hostal. Finalmente, nos instalamos en la habitación y salimos a dar un par de vueltas por el pueblo, con la compañía de un perro del hostal. Nos compramos unos bocadillos en una panadería, uno de los pocos locales donde se podía pagar con tarjeta y los precios eran aceptables. También compramos agua y galletas para las 11 horas que nos esperaban hasta Córdoba.

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La mañana siguiente montamos nuestras mochilas rojas en la parte trasera del pick-up de Carlos y Claudia, junto con sus bicicletas y partimos dejando atrás Cafayate. Fue un largo camino con mucha diversidad de paisajes, algunos realmente buenos; pasamos de un entorno árido y seco a uno muy verde e incluso por el medio de una reserva forestal. Hablamos largo y tendido con esta pareja tan especial a través de 5 provincias argentinas hasta llegar a la provincia de Córdoba.

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Ellos no iban hasta Córdoba capital si no que iban a otra ciudad de la provincia, llamada Villa Carlos Paz, situada a unos 20 minutos de la capital. Llegamos allí y decidimos quedarnos solo una noche; al día siguiente marcharíamos hacia nuestro destino final… o eso creímos.

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INFORMACION PRACTICA:

Transportes:

  • Sucre a Villazón: 9 horas de camino – 11.50 USD (aproximado) por persona desde la Terminal de Sucre.
  • Villazón a La Quiaca (Argentina): Caminando – aproximadamente 15 minutos.
  • La Quiaca a Salta: 7 horas de camino – 23.00 USD (aproximado) por persona. Fuimos con la compañía de autobuses llamada Balut.
  • Salta a Cafayate y luego a Villa Carlos Paz, Córdoba: “Haciendo dedo” o “autostop”, es decir, parándonos al costado de la carretera a pedir que alguien nos lleve en su coche, hacia donde vaya, hasta llegar al destino deseado.

Hospedajes:

La Covacha (Salta): Precio por noche de una cama en habitación compartida con desayuno incluido: 11.50 USD. Muy limpio, ubicación perfecta y el ambiente del hostal es buenísimo. Tiene una azotea muy buena y organizan siempre actividades con los huéspedes. Sin duda volveremos a quedarnos allí si regresamos a Salta.

Cafayate Backpackers Hostel (Cafayate): Precio por noche de una cama en habitación compartida: 6.00 USD. También muy recomendado!

Lo que no puedes dejar de visitar:

  • En Salta: subir al Cerro San Bernardo.
  • Hacer la Ruta Nacional 68, parando para deleitarse con el paisaje.

Fecha de nuestro recorrido: 14 al 20 de Septiembre, 2017


 

Si necesitas más información o tienes alguna pregunta sobre nuestro post, déjanos un comentario  o escríbenos a mochilasrojas04@gmail.com

 Please feel free to reach out if you’re an english speaker. We haven’t translated our blog yet,  but we’ll be very happy to help you with any information needed to plan your trip. 

 

 

This entry was published on June 28, 2017 at 8:11 pm and is filed under Uncategorized. Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

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